Lucas el aventurero

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Érase una vez un lugar donde los árboles tocaban las nubes y rara vez la luz del sol acariciaba la tierra. Una selva tropical de exóticas especies donde vivía un singular y curioso mono que ansiaba de todo corazón poder escribir su historia. Un Minis, en algún lugar del mundo, que creía que el cielo era el límite de sus sueños.

Cada mañana al despertar, después de bostezar muchas veces como buen perezoso, repetía en su mente, al menos tres veces, lo que más deseaba; conocer el mundo y las bellezas que en él habitaban.

Aunque parecía fácil, para el pequeño Lucas, no lo era, su hogar era tan extenso como el mar azul y estaba tan lejos, como la luna, de esas tierras desconocidas. Pero esto no le detenía, constantemente se imaginaba en grandes aventuras, en un mismo día podía estar volando con las aves o nadando con las ballenas.

Para Lucas su familia era el ancla que lo mantenía en aquel lugar, estaba seguro que si emprendía ese viaje no les volvería a ver, porque eran muchas historias las que debía escribir y muchos sitios por visitar. Así que se conformaba con pensar que todo era un sueño, sólo eso, y como decía el abuelo; de sueños también vive un mono.

Pero aquel día llegó, aún no se sabe cómo, ni la razón, sólo llegó. El pequeño mono despertó una mañana y se marchó en busca de sus sueños, y aunque nadie lo comentaba abiertamente, todos sabían que fue la curiosidad lo que le empujó. Curiosidad de cómo sería y qué se sentiría al estar allá, al otro lado, justo donde siempre había deseado estar.

Y no penséis que abandonó a los suyos, por el contrario, siempre les llevó en el corazón, el lugar más puro y sagrado para llevar verdaderos tesoros. Su familia lo sabía, y únicamente querían la felicidad del joven, sabían que su felicidad les haría felices. No cortaron sus alas y le dejaron marchar. Para Lucas fue el inicio de una aventura personal, una travesía que puso a prueba su fortaleza, su tesón y carácter, una aventura que le hizo conocedor de verdades absurdas, y más soñador que nunca, aprendió que si se lo proponía lo podía lograr. Un viaje con sorprendentes hazañas junto a dragones que no echaban fuego, aves que no volaban y fieras muy mansas.

Conoció a muchos, recorrió kilómetros y kilómetros, piso hermosas y extrañas tierras, pero su mayor recompensa fue demostrase que el cielo no era el límite, que el límite realmente no existía. Su felicidad fue plena porque dejó de soñar despierto para vivir la vida.
Y así fue como un mono y su curiosidad se hicieron protagonistas de maravillosas aventuras.

^_^

By Vane



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